viernes, 16 de septiembre de 2016

Reloj Maldito





Eran horas encerradas dentro de un reloj maldito.
Todas alineadas sin tocarse unas a otras, cada una
tenía sus sesenta minutos llenos de segundos
de gloria, ignorando la existencia de su homóloga.

El tiempo calculaba con malicia.
A cada una adularía, a cada una seduciría,
mas con ninguna se quedaría; manos sabias
por la edad, detuvieron inesperadamente las manecillas.

El gris de la tempestad cubrió celosamente
al intervalo y las horas aullaron desesperadas
porque no llegó quien esperaban, heridas
pronunciaron frases llenas de vocablos ardidos.

Locas intentaron escapar de la cárcel a la que habían
sido sometidas sin necesidad y con antojo.
Por más que gimieron, por más que lloraron, el tiempo
nunca más regresó.

La mujer de las tres décadas se lo llevó consigo e
indignada por la perversidad que emanaba de
las horas, lanzó el reloj al río del pasado y dejó
que sus aguas se llevaran el objeto con destino al olvido.


© 2016 Hilda Hurtado A.

martes, 10 de mayo de 2016

Venganza de Miel









Y camina la tristeza lerda y parda
sobre el hilo de dudas que cruza el precipicio,
teme caer al vacío ... sabe que allá 
nadie la espera, más ama el desafío.

De quién huye? Por quién llora?
sólo el cuerpo y el alma de su dueña
guardan tan burdo secreto,
mientras dulce saborea lo que añora

Qué hace la tristeza tentando al destino? 
Sabe ella que es sólo un sentimiento efímero?
La sonrisa se burla en los labios del lazarillo, 
quien guía perenne a quién no reconoce el cariño 

Ata despacio los cabos del olvido
para que no se desarme y concluya su ciclo.
La tristeza gana fuerza y alas nacen en su espalda, 
ahora vuela sobre la felicidad de quién la llamó,
y en picada con garras feroces logra robarla, 

en pleno vuela exclama: " sabe a miel la venganza".

© 2015 Hilda Hurtado A.

domingo, 24 de enero de 2016

Indiferencia



Clavas tus pupilas en las mías, 
mientras mientes despiadadamente. 
Enojada clamo por venganza impía, 
temo morir desarmada e impotente.

Tu arma más mortal es
el veneno con que enjugas las palabras,
rechazas cruel y sin revés
la miel con que intento arroparlas.

Pido piedad, mi corazón se debilita.
Las lágrimas corren sin freno
sobre mi faz inmóvil y marchita,
y caen en el escote de mis senos.

No doy crédito a la frialdad y rigidez 
con que disfrazas los sentimientos. 
Quise rozar tus hombros, y la palidez
de la distancia que marcas entre nosotros 

demuestra claramente... que no me amas.

Copyright © 2015 Hilda Hurtado A.